El Corsario en Munich, con Lucía Lacarra · · · · · texto de Carolina Masjuan

Las imágenes corresponden a diferentes momentos de la representación. © Jesús Vallinas

 

Nos apasiona la danza, nos gusta disfrutarla, comentarla y mostrarla de la mejor forma que sabemos; nos gusta verla en distintos entornos y movernos por distintas ciudades y teatros y aprovechando que nuestros bailarines triunfan por doquier, nosotros les seguimos encantados para acercarlos a los aficionados españoles. En esta ocasión fotoescena se fue a Munich en pos de una de nuestras mejores bailarinas: Lucía Lacarra.

En Munich, la capital de la próspera Baviera, el Ballet tiene tradición, posee las mismas raíces que en otras grandes ciudades Europeas. Nombres como Paul y Marie Taglioni bailaron en su Teatro Nacional. En 1847 se pudo disfrutar de una representación de Giselle sólo cuatro años después de su estreno en París y siempre se mantuvo la compañía de ballet, incluso durante las grandes guerras en que ensayaban en un edificio en ruinas con gran riesgo para todos.

Un poco de historia

A lo largo de su historia muchos fueron los directores que contribuyeron a su subsistencia y que la enriquecieron con nuevas coreografías, pero centrándonos en la época reciente hay que mencionar a John Cranko, que entre 1968 y 1970 se hizo cargo de la dirección del Ballet de Munich, compartiendo esta tarea con su labor en Suttgart. Muchos confiaban en que finalmente se establecería en la capital bávara pero aunque no fue así, sus obras quedaron en el repertorio de la compañía y su estilo ha creado un sello inconfundible. Piezas Onegin y Romeo y Julieta continúan siendo grandes favoritas del repertorio.

 

Durante años, la compañía de ballet dependió de la dirección de la ópera, lo que ocasionaba muchos conflictos. La llegada de Konstanze Vernon, aclamada bailarina dramática de las décadas de los 60 y 70, fue clave para el desarrollo de la compañía. Transformó la escuela de ballet de la ópera en una academia estatal al nivel de la de la música y de las artes.

Esta escuela fue la primera en formar en la técnica Vaganova en Alemania consiguiendo grandes éxitos y también estableció la Fundación Heinz-Bosl para el apoyo de los estudiantes de danza -el nombre perpetua la memoria de Heinz Bosl, su inolvidable partenaire del Ballet de Munich que falleció muy joven de forma trágica a causa de un cáncer de huesos-.

La independencia financiera de la ópera conseguida en 1988 con el apoyo del Gobierno del Estado de Baviera, logró que el antiguo Ballet de la Bavarian State Opera se convirtiera en una de las más importantes compañías del panorama internacional de la danza.

El repertorio del Bayerische Staatsballett quizás sea el más importante artísticamente hablando después del de la Ópera de París. Abarca más de cincuenta ballets, comprendiendo las obras maestras del romanticismo tales como Giselle y La Sylphide, los grandes clásicos como El Lago de los Cisnes, La Bella Durmiente o Don Quijote, los contemporáneos de Cranko ya mencionados, La Fille Mal Gardée de Ashton, El Sueño de una Noche de Verano, La Dama de las Camelias y El Cascanueces de Neumeier.

También cuentan con trabajos de Balanchine, Kylian, Van Manen, Peter Martins y piezas representativas de los grandes de la danza moderna como Lucinda Childs, Twyla Tharp, Angelin Preljocaj. Sin olvidar la Giselle de Mats Ek y Shannon Rose – an Irish Love Story, el impresionante drama que Youri Vamos creó para la compañía. La primera representación en Alemania de La Bayadère, la reconstrucción de la versión completa por Patrice Bart, fue el gran logro del fin de la era Vernon.


 

En septiembre de 1998 Ivan Liška, que durante veinte años fue solista en el Ballet de Hamburgo de John Neumeier, asumió el cargo de director del Bayerische Staatsballett. Desde entonces no solo ha incrementado el número de recreaciones de los clásicos de la era de San Petesburgo con ballets tales como Raymonda y La Bella Durmiente (2003), sino que también inició varias creaciones contemporáneas de coreógrafos tales como Jean Grand-Maitre, Saburo Teshigawara, Lucinda Childs, Amir Hosseinpour, Jacopo Godani o Itzik Galili. Otras obras a destacar son las pequeñas joyas presentadas en las Terpsichore-Galas por los bailarines principales de la compañía: el pas de deux de Sylvia de Balanchine, los Cinco Valses de Brahms a la manera de Isadora Duncan, My Way de Stephan Thoss y la reconstrucción del solo de Anna Pavlova, The Night.

El Bayerisches Staatsballett ha realizado giras por muchos países siendo largamente ovacionado y destacando especialmente sus visitas a Nueva York y a Rusia donde el escenario del Mariinsky le aplaudió con gran entusiasmo.

Se trata de una compañía cosmopolita con un elenco de sesenta y ocho bailarines de más de treinta nacionalidades, setenta actuaciones por temporada en su ciudad y cerca del noventa por ciento de ocupación de sus 2000 localidades. No cabe duda del interés que despierta y de la pasión con la que se le sigue.

 

Entre estos bailarines y como figura principal admirada y aclamada por todos figura desde el año 2002 Lucía Lacarra, una bailarina excepcional, ganadora de los más importantes premios internacionales. Su única meta era bailar pero su trabajo constante, su presencia escénica y su capacidad para interpretar los mas diversos papeles, la han conducido a lo más alto del olimpo de la danza. Pudimos constatarlo con nuestros propios ojos: una deliciosa Medora en la capital de Baviera.

El Corsario de Lucía en Munich

El Bayerisches Staatsballett de Munich dedicó la temporada 2006/2007 a Marius Petipa y su director, Ivan Liska, produjo este Le Corsaire que fue estrenado el 27 de Enero. Se trata de una nueva versión y a la vez de una reconstrucción histórica: usando la partitura original de Adam y Delibes como base para la música y las notaciones coreográficas de Stepanov para la coreografía.

El primer ballet “El Corsario” del que se tiene noticia se remonta a 1826 pero es el de Joseph Mazilier creado en 1856 para la Ópera de París, basado en un poema de Lord Byron y con música de Adolphe Adam, el que sentó las bases de todas las producciones posteriores. Jules Perrot lo vio y se entusiasmó, transfiriéndolo a San Petesburgo dos años más tarde según sus recuerdos pero realizando varios arreglos coreográficos y musicales.

 

Petipa fue quien bailó el rol de Conrad y quien cinco años después creó su propia versión sobre el original de Mazilier. Posteriormente lo revisó y añadió el pasaje Le Jardin Animé, con música de Leo Delibes, que llevó a este ballet a convertirse en uno de los más grandes éxitos del Ballet Imperial. Entre 1894 y 1906 fue registrado por varios funcionarios del Mariinsky, entre ellos Nikolai Sergeyev, utilizando el sistema de notación de Vladimir Stepanov. Esos documentos, junto con partituras para violín, libretos y programas, están depositados en la Harvard University Library y constituyen la base de la puesta en escena de esta revisión.

La interpretación de estos documentos ha corrido a cargo del eminente estudioso americano Doug Fullington, una de las pocas personas capaces de descifrar los manuscritos de Stepanov. Fullington ya había revisado con anterioridad el Jardin Animé, la parte más completa de la documentación existente, para el Pacific Northwest Ballet.

Las variaciones femeninas son las más afectadas, siendo las tres odaliscas y principalmente Medora y Gulnara quienes más sufren o se benefician –cuestión de gustos- de la revisión, en la parte masculina sorprende la variación de Alí del primer acto. Cuando en otras producciones es Lankedem quien realiza los espectaculares saltos en su solo -siendo ésta su intervención más comprometida y donde más puede lucirse el bailarín- en esta versión supone otro reto para el esclavo y deja el papel de Lankedem bastante más deslucido.

 

En cambio, en la variación del segundo acto de Alí, se echa en falta las muy populares piruettes a la seconde.

Pero no debemos olvidar que se trata de una versión historicista y aunque se sacrifique algo de virtuosismo, ya que además de esta supresión tampoco observamos ningún Grand Jetée tal y como se ejecuta actualemente, el ballet continúa resultando atractivo, Petipa se reconoce y se nos hace evidente su espíritu. La función se ve con gusto y el público alemán así lo reconoce llenando el aforo y aplaudiendo entusiasta.

Nosotros asistimos a la representación que contó con el siguiente elenco de principales: Lucía Lacarra-Medora, Natalia Kalinitchenko-Gulnara, Lukáš Slavický-Conrad, Cyril Pierre-Birbanto, Alen Bottaini-Alí y Norbert Graf-Lankedem.

Lucía es una Medora esbelta y refinada, enamorada y coqueta –deliciosa en la variación del 2º acto “Le Petit Corsaire”- pero fuerte y decidida. Su perfecto dominio de la técnica, junto con la pasión que transmite y cómo vive el papel, cautivan desde el primer instante.

Hacía mucho tiempo que no la veía en un ballet clásico completo y la verdad es que ya sueño con volver. Me emociona de una forma especial, reconozco que siempre he sido muy sensible a su forma de bailar y a su presencia escénica.

 

El nivel de la Compañía es alto y todos en general se desenvolvieron con gran acierto, tanto los solistas como el cuerpo de baile. Particularmente logrado es el tercer acto con la joya de este ballet, el Jardin Animé. Medora y Gulnara, -en esta versión una esclava tan amante del lujo que sacrifica por él su libertad-, volvieron a lucirse. ¡Y qué maravilla ver a los niños de la escuela en escena! ¡Qué fantástica experiencia se les brinda con estos ballets!.

En cuanto a la música decir que la orquesta de la Ópera de Munich brilló bajo la batuta de Myron Romanul y recalcar el trabajo de Maria Babanina, nacida en San Petesburgo y con una dilatada carrera como pianista y musicóloga especializada en investigación histórica de la música de ballets, se integró en el Ballet de Munich en 1990 y se ha encargado de los arreglos musicales.

En el completísimo programa se detalla cada escena, indicando a quien corresponde la coreografía y a quien la música. El peso de la partitura recae en Adam, con la magnífica aportación de Delibes (sobre todo el Jardin Animé) pero también encontramos pasajes debidos a otros compositores, Drigo, Pugni, Prinze Oldenburg, Gerber y en la variación de Medora del Segundo acto, normalmente atribuida a Drigo, se indica que se debe a Boris Fitinhof-Schell y que formaba parte del desaparecido ballet “Cenicienta” (1893).

Los decorados de Roger Kirk cumplen su cometido, estando también más logrados en el tercer acto donde se inspiran en las pinturas de la época de la dinastía bávara de los Wittelsbach, y el vestuario, del mismo Kirk, si bien en los dos primeros actos no estuvo totalmente acertado, lució mucho mejor en el acto tercero y especialmente, de nuevo, en la parte del Jardin Animé.

Si alguien se anima a visitar la bonita capital alemana que sepa que esta temporada Lucía tiene también en el repertorio la perla de Cranko, Onegin, otra excelente oportunidad para desplazarse y disfrutar del Arte en mayúsculas de nuestra excelente bailarina, perfectamente arropada por una gran compañía en cuyo elenco descubrimos a una recién llegada Mai Kono, flamante segunda clasificada del Prix de Lausanne de este año, que muchos admiramos y cuyas fotos adornan un post de nuestro foro.

Para fotoescena, © 2007 - Carolina Masjuan

Bayerische Staatsballet

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Agradecimientos:

Yvonne von Duehren, Bayerische Staatsballett
y Lucía Lacarra por su cálida atención y por su disposición para fotoescena.

Todas las fotos y texto de este reportaje han sido realizados en exclusiva para www.fotoescena.net por. © Jesús Vallinas - Prohibida la reproducción total o parcial de las imágenes sin el consentimiento escrito del autor. Todas las citas del texto deben contener un link a la página que se menciona.  
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