Unos malditos muy benditos ······ por Iratxe de Arantzibia

Las imágenes corresponden a ensayos de la obra en el Real Conservatorio Prof. de Danza

Unos malditos muy benditos

Aún resuenan los ecos del arrollador éxito de Goyo Montero (Madrid, 1975) en el estreno de “Benditos malditos”, su particular homenaje a los poetas, cantautores y compositores que han creado la banda sonora de su vida. El Centro Cultural de la Villa acogió las dos funciones de esta obra, de setenta y cinco minutos de duración, con la que el recién nombrado director del Ballet de Nuremberg volvió a confirmar su acierto al desarrollar su faceta de coreógrafo. Partiendo de otras obras ya creadas como “Alrededor no hay nada”, “Desde Otello” o “Come again”, Montero construye un espectáculo sobre la voz comprometida de gente como Joaquín Sabina, Vinicius Moraes o Joan Manuel Serrat, maridada con clásicos como Monteverdi o Giusseppe Verdi.

Además, el creador madrileño ensambla con proverbial inteligencia los fragmentos corales, interpretados por los alumnos del Real Conservatorio Profesional de Danza “Mariemma”, con los solos o dúos de los artistas invitados. Otro gran acierto consiste en rodearse de solistas de gran calidad técnica, que enriquecen aún más un espectáculo capaz de hacer congraciarse al gran público con la danza contemporánea. De esta manera, Montero invita a Iván Gil-Ortega (Bailarín Principal de Het National Ballet), a Jon Vallejo y Raquel Martínez (Solistas del Ballet de la Ópera de Dresden), quienes vuelven a confirmar la excelencia del elenco de bailarines españoles exportados al extranjero. A sus 32 años, posee un curriculum profesional muy completo, tanto como intérprete y como coreógrafo. Ahora afronta el nuevo reto de estar al frente del Ballet de Nuremberg.

 

Mientras tanto, sigue con paso firme marcando una trayectoria muy interesante y visible en España, en los últimos tiempos. Sirvan de ejemplo las piezas “La Bella Durmiente” para el Ballet de los Teatres de la Generalitat Valenciana o “Alrededor no hay nada” con los estudiantes del Conservatorio madrileño. Con todo ese bagaje a sus espaldas, estos “Benditos malditos” no hacen sino revalidar con matrícula de honor todas las expectativas depositadas en Goyo Montero.

Esta obra une como un puzzle bien ideado fragmentos ya conocidos con otras variaciones novedosas, sin resultar en ningún momento chirriante esa unión. Concebido como una estructura circular, el montaje comienza y finaliza con los alumnos del Conservatorio, quienes realizan un trabajo coral espléndido, a buen seguro, fruto de horas y horas de ensayo y de una dura disciplina. Sobre esa base, Montero une los solos o dúos de los invitados y de él mismo. Los primeros bravos de la noche los obtuvo Jon Vallejo con el solo “Come again”, en el que el donostiarra se empleó con vitalidad y energía. Luego, la clase y el porte elegante de Iván Gil-Ortega, la dramática intensidad de Raquel Martínez y la energía danzante del propio Goyo Montero redondean “Benditos malditos”, una obra nacida con ángel, sin lugar a dudas.

Al finalizar el espectáculo, el patio de butacas del Centro Cultural de la Villa estaba en pie, aplaudiendo con fervor este feliz hallazgo llamado “Benditos malditos”. Los más de cinco minutos de saludos fueron contestados con innumerables saludos de los bailarines. Pareciera que nadie quería abandonar el Centro Cultural de la Villa. La buena sensación generalizada provocada por esta pieza acompañó a los asistentes que, en el hall, no paraban de repetir aquello de “¡qué bonito!¡qué bien bailan estos chicos! ¡qué gusto de espectáculo!”. Así que feliz Goyo Montero por su éxito, felices los bailarines por su triunfo, feliz el público por haberse deleitado con un buen espectáculo. En resumen, comunión entre los asistentes y el artista y bendición para todos.

©Iratxe de Arantzibia, para fotoescena.net

 

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Todas las fotos © Jesús Vallinas. Prohibida la reproducción total o parcial  
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