Hacer una presentación de alguien es siempre un problema para quien la hace, si además es la de uno mismo el problema es irresoluble. Como un escrito se convierta en una lista telefónica (la que siempre llamamos guía por nuestra terrible costumbre de no andar solos) el resultado lógico es pasarla de largo como -excepto los hipocondriacos- solemos hacer con las prescripciones de los medicamentos, que asustan desde el primer párrafo.
Con 72 años de vida y 53 de dedicación a escribir casi en cuantos medios han existido, naturalmente llevo un pastillero lleno de los colores más dispares. Nunca he leido un prospecto y aquí estoy, dando guerra muchas veces y extasiándome algunas menos cuando me enfrento con el arte.
"Soy clásico o romántico?, no sé...", y se me importa una higa, veo, escucho y pienso, actitud que tantos han abandonado en nuestra magra civilización.
Sé que muchos me conocéis, pero mi gran deporte vivencial es conoceros a vosotros, cuanto más, mejor, para compartir. Yo cuento. Vosotros me discutís; así, el cúmulo de amigos crecerá como crece la guerra, a la que hay que atacar con la amistad.
¿Qué importa todo lo demás, estudios, premios, pasado escrito?. Ahora, renovado en un hermoso medio, os digo hola con la esperanza de no deciros adios nunca, aunque no tengo tanto tiempo como quisiera.
El pasado es un fantasma que tiende a desvanecerse, el futuro un espejismo demasiado lejano. En realidad sólo nos pertenece el presente inmediato, por eso lo escrito durante 53 años fue para dejar testimonio en los corazones y, si esto no fuera posible, también en los fríos centros de documentación.
para fotoescena, Víctor M.Burell |