'El festin de lo distinto' · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · texto de Víctor M. Burell

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"Toda certeza es un autoengaño ya que guarda en su centro, como corazon, la duda."
Fotos del Teatro Real (1ª y tercera) - © Javier del Real, resto de imagenes © Jesus Vallinas

Minucias, cosas pequeñas ante el desbordamiento de los espacios escénicos a que estamos acostumbrados, diamantes que caben en un puño pero no hay dinero para pagarlos. Cuando el ordenador del cerebro se comprime, nace, por ejemplo, el cuarteto en música, el teatro, el baile y la pintura se condensan; no hay nada que quitar, no hay “pentimento”, nada que borrar.

Ahora me toca ese mensaje difícil porque las palabras también pueden sobrar en su mayoría cuando se da a entender “lo distinto” que, repetido varias veces, supone un suculento festín en el que cada plato es un descubrimiento y cada vino un regalo de los dioses.

Si empezamos por el cuarteto, en poquísimo tiempo hemos tenido dos ejemplos flagrantes. En el XXVI Ciclo de Música de Cámara del Palacio Real, otra vez los stradivarius de la colección han sonado de la mano del soberbio Cuarteto Kopelman en este caso. No me extraña que los instrumentistas lleguen a llorar al devolver los instrumentos a su destino de seguridad. Nuestros cuatro reyes absolutos de la cuerda llegan, sobre todo en sus graves, a la imposibilidad de contrincante alguno. La pequeña viola y el violonchelo arraciman en su 300 años ese perfil de lo distinto que me ha obligado a singularizar esta página.

Los cuatro rusos interpretaron el Cuarteto nº 1 de Borodin, Dos piezas para cuarteto Op. 36A de Sostakovich y el Cuarteto nº 2 de Brahms, en el que orden y rigor dan lugar al tanto monta monta tanto de los cuatro instrumentos.

 

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Cargados de emoción los intérpretes nos regalaron todavía una pieza del maestro Peris Lacasa, ese amigo por calidad humana y musical que, en homenaje aquí por la grandeza y amor por la múscia de Severo Ochoa, escribiría esta pieza que se desarrolla en el universo profundo de los graves como un sereno pero triste mensaje de otras latitudes. Otra vez los dioses inundarían al conservador de la colección palatina y asesor de música del Patrimonio Nacional, para asegurarnos que, aunque bastantes menos de los frecuentemente agasajados, tenemos compositores grandes en nuestra humilde España musical.

The London Haydn Quartet

La Temporada Musical Caixa Forum presentó otra primicia incalificable en el mundo del cuarteto de cuerda, esta vez con instrumentos originales y en este caso en la Obra Social de la Fundación. El Cuarteto en Fa mayor, Op. 77 de Haydn fue el ejemplo más puro de la calidad de estos jóvenes instrumentistas que se dispararon, sobre todo, en lo impresionante del primer violín y la viola sin por ello depreciar a sus compañeros de viaje.

Las otras dos apariciones cubrirían obras para clarinete (Eric Hoeprich): El Cuarteto para Clarinete y cuerdas KV 317 de Mozart en arreglo de Johann Anton André y el Quinteto para la misma formación KV 581, también del genio de Salzburgo.

No quiero malgastar palabras que no sean también un distintivo de admiración para este grupo que prometo perseguir siempre que me sea posible

Musica grande en pequeño formato.

El Sonor Ensemble es ya lo que familiarmente se denomina “un allegado”. A cargo del director Luís Aguirre aparece cada poco con su elenco de grandes maestros de la ONE pasándoselo bien en estas preciosas actividades. K. Gancheva y G. Vasilenko (violines), V. Aparicio (viola). J. M. Mañero (violonchelo), P. Muzquiz (contrabajo), E. Raimundo (jovencísimo clarinete excepcional) y el pianista F. Jusid (ese tipo de intérprete que lo reúne todo: talento, técnica y feeling aproximativo a cualquier público) forman el Sonor.

Cada vez que les escucho disfruto con su esencialidad, perfume contenido en un pomo pequeño para extenderse luego abrazando a todos los presentes. Sus arreglos arrollan. Este homenaje a la compositora madrileña Consuelo Díez con su Viento y silencio, Sentimientos y Tentative para 5 instrumentos; obras muy diversas en el tiempo y contenido que dan la medida de esta mujer dominadora de un amplísimo abanico de posibilidades y recursos para el desarrollo de su expresión, casi siempre cercana a la poesía. La última de las obras citadas, para cuatro instrumentos y en cinco sesiosnes, permite a los intérpretes una absoluta libertad, con lo cual su “coautoría” convierte la pieza en una perpetua sorpresa, cuya aleatoriedad dice mucho de la calidad y preparación de los intérpretes.

Tres danzas de “El amor brujo” de Falla, la Rapsodia sinfónica de Joaquín Turina, con Jusid en el piano preotagonista y la  formidable Sinfonía de cámara Op. 110 de Sostakovich que Rudolf Barshai paseara por el mundo como alegato contra la terrible Segunda Guerra Mundial,  completaron el programa, bocado de cardenal, en el Ateneo que sigue así completando su paso fundamental por la cultura.

La Fundacion Juan de Borbon se manifiesta una vez mas

Con la concesión del III Premio de la Música a Sir Simón Rattle (sucesor de Claudio Abbado como director principal de la Filarmónica de Berlín, después de haber hecho sus habituales milagros con las orquestas de Liverpool y Birmingham) la Fundación sigue su línea de aciertos.

En el año 2002 se puso en marcha un proyecto educativo de la colosal orquesta alemana cuyo objetivo es llegar a un público lo más amplio posible, de todas las edades y condiciones sociales, para que se enfrenten de manera activa a la música, fomentando la creatividad y proporcionándoles vías para que desarrollen un pensamiento propio y una capacidad de análisis crítico independiente. El proyecto trabaja tanto con escuelas como con instituciones culturales y sociales de Berlín. El éxito del mismo ha reunido ya a cientos de jóvenes y niños, cosa que se ha tenido muy en cuenta para la concesión del premio a una batuta de tal categoría.

El acto estuvo presidido por S. A. R. el Príncipe de Asturias.

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Dando vueltas con el baile

La presentación de mi página es clara como el agua, Jesús Vallinas ha concentrado en algunos segundos mis legados principales, aquello de lo que hablo y debo hablar con frecuencia, aquello de lo que he aprendido y transmitido prácticamente toda una vida: la música,la pintura, la danza y el teatro. Las máscaras de la comedia y la tragedia se funden con Miguel Angel, con una móvil bailarina impresionista y, ¿cómo no?, con la música transmitida a través del violín concertino de una orquesta en el Teatro Real.

Todo me rodea dándome vida e incluso asfixidome a veces en el mar de su emoción.

Pero aunque a algunos pueda parecer fuera de mis funciones, ya que ni siquiera en el arte hay asepsia, ¿dónde no están presentes el mercantilismo, las divergencias sociales, la política imperante o las religiones, que como termitas nos han acostumbrado a  la disfunción además de proporcionarnos a veces creatividad?. Llego así a la conclusión de que, hoy por hoy, soy libre para hablar de todo, para sugerir (nunca aconsejar) e incluso para equivocarme sin complejos para las rectificaciones. ¿Cómo podría hacer auténtica crítica sin que nos conociéramos lo más posible vosotros y yo?.

Ahora me toca el baile, tan de cerca que el descubrimiento, como tantos otros que hice a lo largo de mi historia después corroborados, me viene a provocar la satisfacción de la sibila y el ensueño de la participación.

Después de algunas luchas contra el tiempo conocí al fin a Selene Muñoz en una tarde dedicada a la juventud de “lo español” en el escenario que lleva este mismo nombre en la Plaza de Sta. Ana. Tres partes, una con el protagonismo de la guitarra y el genio genético de El Habichuela nieto, otra con un cante que no  hace al caso y la útlima dedicada al baile representada por Selene y su grupo que interpretaron tangos, soleá por bulerías y alegrías, con nombres como Yasmin Levi y Jesule Losada en los temas.

No hubiera necesitado más, el cuerpo de Selene (alredor de 20 años) es puro baile flamenco en la sinuosidad de sus lineas; las medidas de su torso, cuello y caderas; la esplendidez de su felexibilidad,; el dominio de sus brazos y sus magníficas manos; el dibujo de sus ondulaciones y el movimiento de la extraordinaria ropa (creada siempre por la madre de la bailarina) incluidas las colas dominadas.

Pocos días más tarde volví a ver a Selene en el Teatro García Lorca de Getafe, haciendo sus "Cartas de amor", ballet fragmentado, ligeramente argumental que se basa en el más grande de los sentimientos, tanto en lo constructivo como en lo destructivo de sus huellas.

Volví a vivir la fascinación de su baile, que madurando en el tiempo nos pondrá, probablemente, ante una de las grandes de nuestrsa escena flamenca. Ella dirige y coreografía, José Luís Montón, adelantado de las nuevas músicas es su compositor, Jesule Losada su magnífico guitarrista y, por fin, Angel Gil, su pareja de baile. Si bien no puedo poner ningún defecto al ágil y seguro bailaor encontré en todo momento una extraña falta de fusión en la extraordinaria pareja, una enarmonía, seguramente de estilo, que hace distanciarse un tanto al espectador del espectáculo bien fraguado desde el cante a la música.

Respirando hacia dentro

La recomendación provenía de varios lugares respecto a la actuación en Madrid (Sala de columnas del Círculo de Bellas Artes) de la compañía finlandesa Quo Vadis. Haber desestimado estas indicaciones habría siginifcado no saber lo que el teatro puede llegar  a ser. Si las notas hablan de peculiaridad es por no forzar la propaganda, ya que disfrutamos de un espectáculo único desde el envoltorio a lo envuelto.

Con el título genérico de "Felicidad ártica" esta auténtica “trouppe” a la antigua usanza nos enseñó – en poco más de hora y media- muchas más cosas de las que un texto puesto en escena nos suele enseñar. Nos habló, siempre con música medio soñada, de marionetas antiguas reconstruyendo un mundo nuevo, de sinceridad aprendida en una infancia sin ocultaciones, de amor con su desamor correspondiente, o sea, de comedia romántica y drama, de desverguenza en lo básico, siempre avergonzado, y sobre todo de naturalidad y fraternidad; las dos bases fundamentales de la vida.

Una familia –como podríamos ser todos- nos descubre las desconcertantes trampas del guiñol primero, para enseguida perseguirnos con nuestro álbum de fotos sin omitir las que siempre ocultamos. Niños, hombres y mujeres nos absuelven de culpa con sus comportamientos, nos refrescan el mito de los celos y las pérdidas, nos enseñan nuestro lado perdido.

Todo sucede en un espacio propio, una “yurta” de 8 metros de diámetro cuyo interior arracima como en una confesión. Otso Kautto, el director, interviene dejando sin yerro a la escena nítida como la voz de un ángel. Los veintitantos miembros del reparto crecen con la participación de los españoles, ya que "Velocidad básica" (su sketch central ) está duplicada en dos idiomas con alternancia, con libertad. Todos somos el mismo aunque nos separen infinitos paisajes. La “yurta”, que conjuga la herencia de la arquitectura tradicional asiática con el contemporáneo diseño finlandés en madera, es el recinto donde todo puede suceder y, además, todo sucede al fin para admirarnos de continuo.

El espacio funciona como un motor perfectamente engrasado a pesar de que deriva por la auténtica vida sin tapujos. En la imposibilidad de nombrar a toda la compañia con esos nombres (lo único que tienen  difícil para nosotros ), cito a los cuatro protagonistas de Velocidad básica: Minna Mamia, Borja Manero, Petri Salone y Rebeca Vecino; una revelación, la comprensión incluso del silencio, la conjugación de cuatro espíritus que nunca han dejado de entenderse aunque se separen.

Y... para terminar, "Amor, patatas fritas y el mar"

John Patrick Shanley es a sus 60 años una apuesta segura. Hombre de escena, que suele recrear su Bronx de nacimiento, ha pasado al cine con éxitos hoy clamorosos. Su último título “La duda” nos llega de la mano de Meryl Streep arrollando en los países de estreno.

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Como aquel descubrimiento de Muller en su momento, Shanley certifica su americanismo; pero, más que nunca, los medios de comunicación, los inmediatos extensores de la noticia, también han dado a conocer un carácter y una forma de ser y vivir americana en el mundo.

Comemos hamburguesas, los traseros se agigantan y el aburrimiento hace de la juventud víctima de la droga y la violencia. El Bronx puede encontrarse hoy en Malasaña, Antón Martín o la Plaza de Chueca sin ir más lejos; y esto se certifica en cada ciudad por provinciana que ésta sea.

Lamar de Teatro ha encontrado en La Grada (una íntima y aséptica sala alternativa de la calle Ercilla) el lugar para traernos hasta ella una obra de Shanley estrenada en Nueva York hace ya algunos años. El tiempo ha jugado su carta de aproximación y ahora la vemos sin sorpresa pero con la más grande las emociones.

Danny y Roberta se encuentran en el infierno de su desazón, de su descontento y su terrible violencia. El encuentro oscila entre la necesidad y el odio, entre la culpa y una inocencia sin moral. Dos personajes, en fin, que terminan rindiéndose al sexo que igual los une que los separa.

El miedo perjudica cualquier relación; pero es “Danny, la bestia” (aquel camionero también tierno) el primero que se rinde. La mujer, con una memoria más marcada y cruel, es la que puede llevar a pique el barco de la salvación en lo ancho de ese mar azul que les propone la huida hacia la esperanza. El final es una incógnita respecto a la realización del sueño.

La obra necesita muy poco a parte de la sutilísima dirección (Juanma Gómez) y la interpretación, que necesita ser “absoluta”, como la de aquel cine de Brando con Kazan y Williams.

Dice la “Enciclopedia libre” que hablar de Un tranvía llamado deseo (1951) y no alabar a Marlon sería un sacrilegio. Aquí, citando a la formidable pareja Camino Texeira - Agustín Galiana, debo refrendar el axioma.

Conocí a Agustín hace muchos años circulando en la Shakespeare Company de Conejero, tenía madera además de presencia. El viernes, 6 de noviembre le reencontré, el resultado fue casi un susto. El personaje de Danny es de una tal concentración que no citarle así sería también un sacrilegio.

para fotoescena ©2009 Víctor Burell

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Agradecimientos:

Javier del Real, Patrimonio Nacional

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foto Cuarteto © Patrimonio Nacional

 
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