El edificio sonoro malheriano empezó siendo monumental con esta partitura de más de hora y media de duración. La sinfonía, que desde la "Novena" de Beethoven andaba por otros derroteros, llegó con "Resurrección" (a final de los años ochenta del siglo XIX) a coronar un proceso que se acercaba al "Poema sinfónico" sin llegar al desarrollo de un auténtico programa.
La sinfonía- afirma Mahler- es un todo posibilístico. La confesión tiene mucho de psicoanálisis y la cosmología dará lugar a la enorme ampliación de medios. Estamos ante un universo sinfónico distinto, íntimo a pesar de su aparato y desde luego vario desde aún lo bufo a lo dramático; en definitiva la confesión de un hombre.
Pons presentó así la temporada con valentía aunque los medios excediesen un tanto la disposición de una buena orquesta hoy día, que necesita de más contundencia en la batuta.
La canción, un género para soñar
XVI Ciclo de Lied en el Teatro de La Zarzuela, todo un fenómeno musical a tener en cuenta pese a la repetición de programas y la casi exclusión de canciones de otras latitudes (que no sean alemanas o francesas), entre ellas las de lengua española.
Anne Sophie Von Otter abrió temporada con Daniel Hope (violín). Bengt Forsberg (piano) y Bebe Risenfors (clarinete, acordeón y guitarra). El programa recogía las canciones que "florecieron" - a pesar de- en los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Terecin fue un lugar de privilegiados de la creatividad a orillas de su terrible desaparición. El esfuerzo por vivir engendra incluso optimismos y junto a las ruinas del ghetto un día reiremos, dice Karel Berman, uno de los poquísimos que salió con vida del cautiverio; los otros diez compositores de este programa murieron sacrificados.
El Barón Von Otter luchó por difundir en Suecia estas atrocidades que nunca se reconocieron, ahora, precísamente su hija, recupera estas canciones de miedo, fortaleza y esperanza para que el mundo sepa cómo puede surgir una canción.
Pero si este emocionante recital de la mezzo sueca fue un encuentro con la belleza, el martes 3 de noviembre La Zarzuela daba paso a su mejor exponente de canciones en muchísimo tiempo. Gerald Finley, un barítono canadiense inolvidable, acompañado probablemente por el mejor pianista de la serie (Julius Drake), nos dejó perplejos ante su Dichterliebe, ese "amor de poeta" de Schumann sobre dieciseis poemas de Heine, dichos de una manera agradeciblemente personal en cuanto a tempo e intenciones; para mi un descubrimiento, aunque la segunda parte rebasara todo lo predecible a partir de Ravel (Historias Naturales), Ives y Barber, que constituyeron una primicia para el corazón de cualquiera.
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