'El fin del FIS 2009. Conciertos de 5 estrellas' · · · · · · · · · · · · · · · texto de Víctor M. Burell

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"Si abandonamos  el artificio  es posible que encontremos la verdad cuando menos la esperamos."

Fotos del Festival de Santander proporcionadas por la organización.

 

Todavía estoy en Agosto. Tengo que barrer con premura mi casa abandonada. No doy abasto con un Madrid rebosando de espectáculos y, además, Alicante ocupó su semana productiva de música contemporánea.

Menos mal que la experiencia ha sido positiva la mayor parte de las veces y, escribir es por tanto la secuela de un privilegio. En el particular caso de Santander, me quedan lo que puedo llamar conciertos de cinco estrellas: cuatro joyas camerísticas, no demasiado atendidas en la mitad de sus casos por el grueso del propio Festival dada la magnitud de su programa.

Podríamos calificar el Coro de la Academia Capella de San Petersburgo dirigido por Vladislav Chernovschenko, como el mejor conjunto de voces conocido. Todos solistas, o a dos pasos de  distancia en el Santuario de la Bien Aparecida nos dejaron trascendidos con la magnitud de su variadísimo repertorio. Manejar conceptos sería retrasar la realidad de su calificativo: único. Sostenido  sobre dos bajos profundos -yo diría que hoy inexistentes- se sustenta la arquitectura de su  edificio colosal. Las voces multiplican el casi incontable número de solistas, hombres y mujeres de todas las tesituras respaldados por la afinación y la fuerza de sus acompañantes.

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Como la 'Bien Aparecida' es una de las lógicas niñas bonitas del Festival, el milagro trascendió, lo mismo que el recital de piano de Luís Fernando Pérez en la Sala Pereda del Palacio de Festivales con su 'Iberia' de Albéniz, cada vez distinta por cada vez mejor. He hablado ya tanto de ella, que lo que aquí escriba es repetición como un entusiasmo más debido a los añadidos de inteligencia. El gran Enrique Franco había escrito las notas para esta obra colosal compuesta al borde de la muerte de Albéniz (1906 - 1908).

Luís Fernando tiene absorvido todo aquello que Franco define dentro de los cuatro cuadernos y lo expone en un todo que, por comprensión, parece pasar  por encima de las enormes dificultades del conjunto. Folclorismo imaginario, formidables combinaciones armónicas, desnuda descripción de El Corpus con sus libres variaciones... Aunque a veces no lo parezca, prima la invención a pesar de los ritmos y las coplas; la composición se dificulta al terminar en el último cuaderno con una Eritaña en la que todo se hace más realista. Don Enrique termina diciendo:  "Estamos frente a la obra maestra de una  Andalucía soñada, escudriñada, casi investigada por el sentir y el pensar de una artista excepcional".

Luís Fernando y el pensamiento de Enrique Franco forman  un binomio que ya no puedo separar.

Menor audiencia de responsables (definitiva  pena para la experiencia), Lachrimae Consort constituyó, en la Iglesia de los Ángeles de San Vicente de la Barquera, otro acontecimiento memorable: Se trató de un recorrido a través del mundo musical y poético forjado por las culturas cristiana, musulmana y judía que convivieron en nuestra Península  durante nada menos que 800 años. Romances hispanos, autores árabes y cantos de Al-Andalus y melodías sefardíes, hasta dejarnos uno de los principales legados históricos que hoy viene a hacernos conscientes de lo mucho que nos une más allá de lo que parece separarnos.

La sensibilidad para interpretar este repertorio de música europea de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII reside en el grupo Lachrimae Consort, que posee un instrumentario único en el mundo, ofreciéndonos un concierto absolutamente inolvidable.

También podemos hablar de "Jardín oscuro" para el caso de la participación  del violoncellista granadino  Guillermo Pastrana Ocaña, que acompañado por el pianista Pedro Gavilán actuó en el patio de la Colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar. Es de sentir que el grupo organizativo no fuese testigo de este otro concierto de excepción, que por no llevar no lleva ni foto de los artistas en la página y lo digo por lo expresivo de sus retratos.

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Pastrana, como único, saltó desde muy niño a la palestra de los grandes siendo yo testigo estupefacto. Ahora le reafirmo para acompañar el nombre de Asier Polo por el mundo del chelo.

Jorge Muñíz,  Schubert, Penderecki, Paganini y Piazzola demostrarían lo inequívoco de su arte, el arte de un joven de 25 años que ha barrido todos los premios musicales para después demostrarnos en cada concierto su categoría. Un nombre de ahora, que tan sencillo personalmente cuando toca se transforma de manera radical, se hace música, forma abrazado a su instrumento un ser único, inconfundible, vertebrado en la madera de sus sueños.

para fotoescena ©2009 Víctor burell

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Agradecimientos:

Festival Internacional de Santader

 

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