'A la vuelta lo venden tinto (Santander II)' · · · · · · · · texto de Víctor M. Burell

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"La sabiduría es solamente una teorización más, pero posee una ventaja; si la practicas, te la terminas creyendo."
Fotos del Festival de Santander © Fernando Baños.

Todo se acaba, sobre todo lo bueno. Santander es ya un recuerdo, aunque imborrable, donde el especialista (fuere cual fuere su cometido) es tratado con delicadeza extrema; en mi caso yo diría que con el cariño que se ha ido acumulando a lo largo de muchos años de relación.

Sé que, como asegura el simpático dicho español "a la vuelta lo venden tinto"; pero de esto que termina en sangre de Cristo hay tantas clases que, de pronto, en las antípodas podremos estar bebiendo un caldo deficitario que no serviría para consagrar.

En el FIS todo es elegancia, de la que tanto tienen que aprender otras antiguas conmemoraciones más "palurdas", aunque con nombre universal. Por eso cuido mis asistencias, como suelo cuidarme a mí mismo, sujeto ya de derechos adquiridos que me permiten alejarme de " lo cutre" (ya sea el nombre de una publicación o la actitud de un coreógrafo) para vivir de los placeres que la vida nos ofrece, porque Dios -si es que existe- así lo ha querido.

Todo este prólogo no está solamente dedicado a las musas. En la cena de despedida (29 de agosto en el restaurante Sixtina coronado por la reproducción de nuestra Altamira) se pidió otro vino. No hacía falta, se trató del capricho del paladar de algún incontinente. Los platos, sucesivamente, elevaron el pabellón gastronómico de Cantabria cada vez más alto.

El oratorio "Elías" de Mendhelsshon, con su elenco presente y uno de los directores más interesantes de nuestro momento (Víctor Pablo) el otro es también un nombre que no necesita de apellido: Josep Vicent, llevarán por el mundo la garantía de la cocina cántabra.

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Y vamos al grano

Luego me comí uno a uno los jugosos granos de una granada suculenta (y no precisamente en Granada). "West side Story", "El pisito", "Los cantos de Azerbaiaján", "Iñaqui Fresán con Juan Álvarez Parejo"; y los bocados de cardenal -constataréis mi respeto a la Iglesia- constituidos por "Lachrimae consort", el "Coro de la Capella de Sa Petersburgo" y los recitales de "Luís Fernando Pérez" (piano) y "Guillermo Pastrana" (chelo acompañado por Pedro Gavilán) además del solemne cierre  con el "Elías", del que voy a empezar hablando por el entronque con una de las cenas extraordinarias vividas a lo largo del Festival, la "última cena" en este caso.

A escenario completo

Abarrotado, el Palacio de Festivales vivió la larga jornada de clausura de dos horas y media de oratorio alemán, con lo que eso implica de densos momentos de "quasi recitativo" acompañando, en sus 42 números la mítica historia del profeta Elías,  arrebatado por un carro de fuego, dependiente de un Jeová expeditivo, cruel y vengador, protagonista de antiguo testamento.

La música desbordada, como en "Paulus", pone al joven Mendelsshon (murió a  los 36 años) en la cima de los compositores alemanes del romanticismo. La suntuosidad armónica (que ya recalcara Berlioz en su momento) hierve entre sus doscientos participantes, haciendo de la dirección un hecho portentoso.

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Víctor Pablo (hombre tranquilo donde los haya), sumergido en la tal vorágine, esculpió de manera poderosamente visual los momentos más diferentes de la partitura para la que todo funcionó en este orden de solistas: Mark Stone (barítono) en Elías; un protagonista participativo hasta la más auténtica representación; Solle Isokoshi (soprano); Werner Güra (tenor) y Natalie Stutzmann (contralto ???).

El enorme edificio se mantuvo erguido siempre y demostró una vez más los valores de nuestra primerísima orquesta residente en La Coruña, y de nuestro coro universal, el Orfeón Donostiarra

El rescate del teatro

Encima de las nubes tengo un nido. Suena una radio, ya no es de galena pero casi; Vestido el aparato a los años 50 nos lleva de cabeza hacia una época en que Cola-Cao servía para entrar goles y Okal era lenitivo del dolor. Todo se mezcla: las oficinas siniestras, el tabaco de estraperlo, los buenos libros editados en Argentina (Losada) y vendidos en el almacén (medio secreto) de alguna librería que exhibía en sus escaparates "Sinuhé el egipcio" y las sandeces que Marañón se inventó sobre los personajes de El Greco.

Todo ha variado bastante desde entonces, cuando el pueblo cantaba en paralelo a Juanita Reina, Marujita Díaz, Machín o Guardiola; todo menos la horrible aventura de encontrar un piso para recalar, aunque no fuese la prometida casita de papel en el mismísimo cielo.

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Azcona, artífice de dos joyas cinematográficas, imborrables de nuestra memoria, (El cochecito y EL pisito) ha recuperado la última para el teatro, animando así a volver al hecho escénico incluso al FIS, que lo ha ido olvidando poco a poco.

Nada que objetar. Aparición de recuerdos para volverlos a vivir con lozanía y, además, denuncia de una situación cuyo cambio no verán nuestros ojos. Si queréis que hablemos de "la construcción" puede convertirse este escrito en un libro de lamentos para plañideras, y no es el caso.

Pepe Viyuela. Teté Delgado y el resto de la compañía conocen lo que hacen y, lo hacen tan perfectamente que sólo necesitaban de los felices 84 años de Asunción Balaguer para llevarnos a la emoción, la ternura y aún la lágrima. Doña Martina es..., no puede expresarse solamente reverenciar su figura de primerísima dama de la escena.

New York al habla

Definitivamente no estamos preparados para ello. Los cines se van cerrando como en su tiempo lo hicieron los teatros  para, dando la vuelta a la tortilla (no olvidemos que la estatua de Colón vuelve al centro primigenio de su plaza), transformada de nuevo en escenarios soliviantados por lo que apocopando llamamos "musicales".

Las malditas series, fundamentadas en millones mantienen a los jubilados y aún más retrotraídos de la realidad político-social, tragando publicidad que prende, para esperar el enésimo capítulo sin el que se les va al guano la comprensión de su argumento eterno. Ríete de "Lo que el viento se llevó".

La resurrección del musical es un efecto de la mugrienta traducción de Fama al español, que pincha en los cerebros de los más perjudicados por la abulia y aún la droga. Todos quieren bailar, y el que llaman baile se ha convertido en el opio de las masas. Series interminables, bailes aprovechados para la esquilmación de bastantes, y desnudo integral aún del alma sin sobresaltos, son pasto de las fieras televisivas diarias, que mueven el país hasta el recinto de Las Cortes, empezando por el oprobio de Gran Hermano.

Todos los musicales, ya roñosos, han paseado la Gran Vía madrileña y aledaños, permaneciendo en cartel, lo que ni siquiera las añagazas de Bieito consiguen con sus clásicos. Solamente "Cabaret" del teatro  Alcalá nos llevó a lo mejor del género, de lo demás no vale ni hablar.

"West Side Story" (la producción de BB promotion GmbH con Sundance Productions, Inc. NY) nos trae  Boadway en carne y espíritu en su gira mundial en el 50 aniversario de su estreno. ¿Ópera, ballet, teatro?, aquí están representados todos los géneros que, de momento en España, no alcanzamos a reproducir.

Con libreto de  Laurents y Sondheim, con Robbins como coreógrafo y Bernstein como compositor sin miedo a la inteligibilidad de su proceso, esta historia (un Romeo y Julieta de razas) arrolla con la contemporaneidad de su proceso y la validez aún hoy en día de su idea.

Donald Chan (que la estrenara hace medio siglo) rige desde el podio con su misteriosa edad oriental esta joya en la que no hace falta citar el espectacular reparto, que desde Glad Hand (actor) hasta Anita (Oneika Phillips) da una lección de perfeccionamiento a lo que, para acercarnos, deberá pasar mucho tiempo, sobre todo de reflexión y estudio

El cantar de las culturas

"Mugan  es un arte elitista para un selecto grupo de gente que posee un tipo de espiritualidad interna o un auténtico mundo interior. Esta habilidad  no depende  de las raíces o la educación, se trata de una inspiración o sentimiento". Alin y Fargana Quasimov (su hija) despiertan con sus cánticos de ayer este instinto hacia sentir, perdurar, experimentar, sufrir menos llorando y ser más felices compartiendo.

No me atrevo a analizar esta música con su carga de impredicibilidad, de éxtasis, de meditación. Tan alejada está de la nuestra que solamente nos encuentra "por el otro lado". Paises que la Europa culta ha intentado desconocer y que hoy la comunicación nos descubre incluso como tablas de salvación para nuestro caos.

Las sugestiones musicales remiten a distintas áreas de Oriente al conectar con estilos tales como el canto rústico musulmán de Pakistán y el Norte de la India o las ornamentaciones locales próximas a la música hindostánica. Se trata de un puente entre el Oriente Sudasiático y el occidente Musulmán de la rítmica del "ostinato". El pasado nos penetra por algo tan nuevo para nosotros que nos inunda de regocijo.

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Canciones más cercanas

Iñaki Fresán, barítono navarro de trayectoria impecable y repertorio de clase, acompañando (casi siempre) por el piano de Álvarez Parejo cierra el círculo de lo sutilmente "en estilo". El único inconveniente para este interesante recital fue el marco. El frío Teatro Concha Espina de Torrelavega no invita a lo íntimo y menos cuando, carente de concha acústica, se olvida de las sutilezas tanto de la voz como del piano

Oído en ristre pude disfrutar  tanto de las canciones españolas de Albéniz (del que venía celebrándose el centenario de su muerte) como del maravilloso recordatorio de lo francés: Chausson, Duparc, Fauré y sobre todo Debussy. La luna menguante exotizaba los cantos de las dos últimas actuaciones tan personales para los corazones, de las que recordaremos mucho tiempo esa "Mandoline" de Verlaine y las tres maravillosas "Beau soir", "Les cloches" y "Romance" de Bourget. ¿Estaríamos ante los últimos románticos?.

 

para fotoescena ©2009 Víctor burell

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Agradecimientos:

Festival Internacional de Santader

fotógrafo Fernando Baños

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