Azcona, artífice de dos joyas cinematográficas, imborrables de nuestra memoria, (El cochecito y EL pisito) ha recuperado la última para el teatro, animando así a volver al hecho escénico incluso al FIS, que lo ha ido olvidando poco a poco.
Nada que objetar. Aparición de recuerdos para volverlos a vivir con lozanía y, además, denuncia de una situación cuyo cambio no verán nuestros ojos. Si queréis que hablemos de "la construcción" puede convertirse este escrito en un libro de lamentos para plañideras, y no es el caso.
Pepe Viyuela. Teté Delgado y el resto de la compañía conocen lo que hacen y, lo hacen tan perfectamente que sólo necesitaban de los felices 84 años de Asunción Balaguer para llevarnos a la emoción, la ternura y aún la lágrima. Doña Martina es..., no puede expresarse solamente reverenciar su figura de primerísima dama de la escena.
New York al habla
Definitivamente no estamos preparados para ello. Los cines se van cerrando como en su tiempo lo hicieron los teatros para, dando la vuelta a la tortilla (no olvidemos que la estatua de Colón vuelve al centro primigenio de su plaza), transformada de nuevo en escenarios soliviantados por lo que apocopando llamamos "musicales".
Las malditas series, fundamentadas en millones mantienen a los jubilados y aún más retrotraídos de la realidad político-social, tragando publicidad que prende, para esperar el enésimo capítulo sin el que se les va al guano la comprensión de su argumento eterno. Ríete de "Lo que el viento se llevó".
La resurrección del musical es un efecto de la mugrienta traducción de Fama al español, que pincha en los cerebros de los más perjudicados por la abulia y aún la droga. Todos quieren bailar, y el que llaman baile se ha convertido en el opio de las masas. Series interminables, bailes aprovechados para la esquilmación de bastantes, y desnudo integral aún del alma sin sobresaltos, son pasto de las fieras televisivas diarias, que mueven el país hasta el recinto de Las Cortes, empezando por el oprobio de Gran Hermano.
Todos los musicales, ya roñosos, han paseado la Gran Vía madrileña y aledaños, permaneciendo en cartel, lo que ni siquiera las añagazas de Bieito consiguen con sus clásicos. Solamente "Cabaret" del teatro Alcalá nos llevó a lo mejor del género, de lo demás no vale ni hablar. |