Aún puede recordarse, aunque diluida por la historia, la figura: un comprador de sueños o forjador de emociones. En 'Cascanueces' de Petipa, apoyado en la bondadosa figura de Hoffmann surge el mágico personaje que nos lleva de sorpresa en sorpresa mientras que, entre miedo y borrachera, el amor de su Stella adorada se esfuma.
Hablamos de el padrino, un personaje adorable que, sin necesarios lazos de sangre, cuida, ama y protege a la criatura hasta poder traspasarle algunos de sus rasgos de mas generosidad. Creo que realmente esta virtud es la base fundamental de la vida.
Pero en los enormes meandros de la naturaleza también esta el maligno, encayado en nuestros pechos. Somos en ocasiones tan ególatras y tan envidiosos (pecados de verdad, y no la lujuria con la que tanto peleamos) que el enriquecimiento y su idea trunca siempre los momentos de dicha.
Todos sabemos de otros padrinos que, casi con mayúscula, surgen en la mafia calabresa para ocupar América (la tierra de lecha y miel) y después adueñarse del mundo.
Somos descendientes del negocio, de la furia del huracán que ha nublado el mundo en todas sus civilizaciones, y ahora se ha ido aprovechando de casi todo. |